LAS HERRAMIENTAS DEL LENGUAJE AUDIOVISUAL

*Por Martín Bulacio y Sebastián Bulacio, facilitadores de los talleres de Un Minuto por mis Derechos realizados en la provincia de Tucumán, donde comparten la experiencia junto al equipo integrado por Ernesto Bruna y Nancy Cordero.


Desde la más tierna infancia a los niños y niñas se les enseña a contar historias o relatos, primero con la oralidad, luego con el dibujo y con la escritura, y así pueden pasar su vida utilizando solamente estas 3 herramientas para significar el mundo que los rodea. Así muchas veces una gran cantidad de mensajes quedan sin expresarse, al no tener el soporte adecuado para poder contarlo. Esa herramienta faltante es la que entrega el audiovisual, donde podemos conjugar tantas formas de expresión que resulta como fin un nuevo lenguaje, con sus propias formas y reglas donde se puede contener a la escritura, la oralidad y el dibujo pero también crear sus propios códigos, y eso es lo que se experimenta en los talleres de Un Minuto por mis Derechos, los cuales pueden ser tubos de ensayo para los productores audiovisuales del futuro o sólo un espacio donde las y los adolescentes expresen su palabra y sentimientos de manera más amplia y experimentando nuevas sensaciones.

La cámara, los micrófonos, las luces, el vestuario, el maquillaje…, son los signos que utiliza el lenguaje audiovisual pero, como en la escritura, su gran importancia esta en el conjunto que forman al unirse. Esto es algo que atraviesa el taller, ya que siempre se repite esa frase de que el cine es un hecho grupal. La historia no sólo llega por el texto, la imagen o los sonidos sino por todo eso que se conjuga para crear esa producción.

Cuando un adolescente se topa con una filmadora, casi siempre comienza a mirarla como ese objeto caro y frágil como lo venden en la publicidad, pero que puede registrar los momentos más importante de sus vidas de una manera casi mágica. Quizás por esa representación y el escaso contacto con esta herramienta es que hay una cuestión de respeto exagerado y misterio hacia la cámara. O como ellos dicen “tengo miedo de romperla”. Pero es siempre importante convencerlos de que las cosas se rompen cuando no se las sabe usar, mientras que, cuando se las usa correctamente, sólo se gastan. Después de esta explicación se rompe la primera barrera de integración con el soporte que usarán para difundir sus mensajes.

A diferencia del trabajo profesional en el audiovisual, donde se ve una subordinación casi total hacia la figura del director, los equipos de producción que se arman en los talleres de Un Minuto determinan los roles de manera que todos tengan importancia y ejerzan una retroalimentación hacia la obra. El camarógrafo, el sonidista, el iluminador, el guionista…, también cuentan con sus elementos y a su manera la historia que se representa. Esto es por la democratización de las herramientas y los contenidos que se propone para producir los videominutos.

Cuando la experiencia culmina y las obras se difunden, no sólo quedan grabadas en las y los participantes y facilitadores de los talleres, la experiencia educativa realizada si no también una etapa en sus vidas donde utilizaron un medio distinto para expresar aquello que con el lápiz y la boca no les alcanzaba para comunicarlo.