UN MUNDO EN IMÁGENES

*Por Andrea Martínez Dorr y Ariel Vicente, facilitadores de los talleres de Un Minuto por mis Derechos realizados en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.


Desde mediados del siglo pasado, las historias de la ciencia ficción ya describían el futuro de un mundo plagado de imágenes, pero seguramente no tan complejo como es nuestro presente. Este mundo en el que estamos inmersos constituido por imágenes que diariamente son consumidas, resignificadas, deseadas o rechazadas es nuestro campo de trabajo. Este campo de la imagen o, mejor dicho, de los lenguajes involucrados con la imagen y la representación, es el que da cuenta de cómo nos vemos, cómo queremos ser vistos… en definitiva, ubica la identidad del sujeto en la actualidad.

En este encuentro con las imágenes que devuelven múltiples pantallas-espejos con las que convivimos cotidianamente, nuestro objetivo es abrir un espacio de trabajo crítico para que las y los jóvenes puedan situar al lenguaje audiovisual como una construcción social. Desnaturalizar tal lenguaje a través de la puesta en acto de los y las jóvenes, como productores o receptores activos de mensajes audiovisuales, posibilita el debate con otros y hace presente al sujeto que se interroga a partir del quiebre de un discurso del que es parte. Esto supone la posibilidad de poner en evidencia su singularidad como un ser igual a los demás y a la vez como único y diferente.
 

ENCONTRAR-SE CON LOS JOVENES


En el acto de educar apostamos a que el espacio de creación audiovisual que sostenemos sea en sí mismo el ejercicio del derecho de los y las jóvenes a expresarse. Para eso creemos imprescindible definir y redefinir nuestro lugar como talleristas, apelando a “problematizar” en lugar de “facilitar”. De este modo escuchamos a los y las participantes a través de la devolución de lo que traen, del intercambio de ideas, de la interrogación o del dejar en suspenso posibles respuestas, desde la asimetría de nuestro lugar como adultos garantes de sus derechos.
Ese acto tan complejo que implica el encuentro con los jóvenes, nos hace pensar la educación como acción igualadora no ya como “la fabricación de sujetos idénticos entre sí ni la producción de un sujeto sin fisuras a semejanza de algún ideal”, sino como “la acción que hace posible… introducir a un sujeto en otro universo de significación  de modo de ayudarlo a construir su diferencia.”(1)
Consideramos el taller como un lugar donde hay otro-adulto que escucha y se implica en un proceso creativo conjunto con los chicos y las chicas. Es decir, alguien que hace algo con eso que escucha, devuelve, involucra a otros adultos, conecta con otros espacios. De este modo el taller funciona como herramienta que permite jugar con un lenguaje para ser reconocido, para crear y fundamentalmente para poder convivir con otros.
Nuestra propuesta implica hacer posible la visibilización de las historias de las adolescencias con las que trabajamos a diario de manera crítica y creativa, atravesadas por un contexto pero no condenadas a él. La apuesta es potenciar las posibilidades de ser usuario y no consumidor pasivo del lenguaje audiovisual, de elegir entre diversas opciones o interrogarse acerca de ciertas “elecciones”, funcionando nosotros mismos como un interrogante sin respuestas certeras. En este sentido ser usuarios de tal lenguaje, en el que los y las jóvenes y nosotros mismos estamos inmersos de diferentes maneras se nos presenta como un juego que hay que jugar, apostando a las resonancias que esto pueda tener en la deconstrucción de ciertas imágenes cristalizadas especialmente en los medios de comunicación.

LA EXPERIENCIA “UN MINUTO POR MIS DERECHOS” EN ROSARIO


Desde 2008 venimos sosteniendo el taller de creación audiovisual en La Casa de las Palabras, espacio perteneciente al Área de la Niñez dependiente de la Secretaría de Promoción Social de la Municipalidad de Rosario que se sitúa en el Distrito Oeste de la ciudad. En esta zona de la ciudad viven familias de sectores medios empobrecidos y grupos familiares atravesados por situaciones de pobreza estructural, que se manifiesta en la precariedad habitacional, condiciones de salud y en la búsqueda de estrategias de sobrevivencia. Es claro que el acceso a la tecnología es limitado pero de ninguna manera nulo. El principal uso que -en general- hacen los y las jóvenes participantes de la Internet y las herramientas multimediales está directamente vinculado con el entretenimiento, a través de los juegos en red o YouTube, y en menor medida a través del correo electrónico o el chat. Algo similar sucede con los productos audiovisuales que literalmente consumen.

Desde el primer momento, la presencia intermitente de muchos de las y los chicos en el taller se presentó como una dificultad. Pero es interesante observar que la “deserción” se presenta como algo propio de las situaciones de vulnerabilidad que viven. Responsabilidades tempranas y situaciones familiares complejas, hacen que se haga difícil sostener la presencia semanal no sólo en el taller sino en muchos otros espacios. Sin embargo esta situación que en principio vimos como un obstáculo, nos permitió generar un fuerte vínculo con un grupo siempre presente y a partir de allí, fueron ellos quienes apropiándose del espacio posibilitaron la convocatoria a más compañeros.

Las problemáticas y los intereses que han aparecido a lo largo de los diferentes encuentros se relacionan con la realidad que vive cada uno de las y los jóvenes participantes, vinculadas espacialmente al futuro, a las dificultades de sostener una educación formal y a los vínculos que mantienen con sus padres y madres. Estas inquietudes son las que fueron re-trabajadas a través de diferentes dinámicas hasta llegar a ser ejes temáticos de los videominutos producidos o en producción.

Una situación muy particular de este taller en relación a las demás experiencias de “Un Minuto por mis Derechos 2008”, fue la participación mayoritaria de jóvenes que en general no iban la escuela y los que sí lo hacían estaban cursando sus estudios primarios en algún EMPA, mientras que otros directamente trabajaban. En 2009 la situación cambió un poco a partir de la incorporación de participantes que estudian en las escuelas secundarias aledañas.  Estas particularidades del grupo, el hecho de que muchos de los jóvenes no asistieran a la escuela, abrió nuevos caminos para nosotros como profesionales, obligándonos a repensar nuestras estrategias.

Creemos que este espacio debe invitar a la inclusión de quien quiera participar y por ese motivo las dinámicas de trabajo que venimos desarrollando junto a los y las participantes habilitan a apropiarse del lenguaje audiovisual desde un trabajo creativo y lúdico en soportes fundamentalmente visuales como el dibujo, la fotografía y el video propiamente dicho. Nos parece que la manera de aprehender el lenguaje es haciéndose de él, es decir ponerlo en práctica y a partir de este “jugar a hacer cine” comienza el juego de preguntarnos que implicancias tienen las decisiones que tomamos en relación a las producciones resultantes.
Nuestra idea es que los y las participantes puedan hacer, jugar, poner en marcha el cuerpo, improvisar y ver aquello que se está haciendo, analizándolo, interrogarlo y volver a probar para seguir haciendo pero sin perder ve vista el juego como vehículo y sin dejar nosotros nuestro lugar como adultos dentro del espacio.
Es claro que para nosotros el lenguaje audiovisual es una herramienta que interpela y que nuestro compromiso va más allá del mero saber cinematográfico. No pretendemos que los participantes se transformen en cineastas… si alguno elige seguir ese camino por supuesto que nos gustaría mucho pero lo que queremos, que tal vez sea mucho más pretencioso, es que a través de tener esta experiencia con lo audiovisual puedan saberse ellos un poco transformados…

En ocasión de la muestra de los videos resultantes de la experiencia 2008 de “Un Minuto por mis Derechos” realizada en Rosario, la madre de uno de los participantes sintetizó nuestra apuesta del siguiente modo:
 
“Un taller como este no creo que le cambie la vida a nadie… pero es como si se abriera una puertita por donde se ve una luz y el que pueda la va a tomar…”
Ana María Díaz, mamá de Mauro.


 (1) DUSCHATZKY, SILVIA - COREA, CRISTINA , “Chicos en banda”, pág. 91